Comer temprano, arreglarse para aparentar tener un par de años más y quedar con la pandilla de siempre para ir a comprar algunas botellas de alcohol al ultramarino del barrio. La tarde se presentaba como la de cualquier sábado de junio. El plan era sencillo, beber en un parque y entrar en la sesión de tarde de una de las discotecas de moda entre los más jóvenes de la capital. Ana [nombre ficticio] estaba en ese grupo de amigos y, a sus 16 años, nunca pensó que acabaría la tarde de fiesta en el hospital.