¿Quién no se enternece con los primeros balbuceos, sonrisas, pucheros y muecas de su bebé? Hasta el punto de volverse ñono y cursí. Hasta verse realizar expresiones, gestos y utilizar una jerga que si no fuera porque es padre consideraría que roza el ridículo. Hasta ver que su retoño es el único protagonista de todas sus conversaciones. La llegada de un recién nacido revoluciona emocional y psicológicamente a los progenitores hasta transformarlos en personas que no se reconocen a sí mismas.